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La asertividad, la llave que nos abre puertas
comunicación con asertividad

A menudo nos encontramos en situaciones en las que no sabemos muy bien cómo expresar nuestros sentimientos o nuestras opiniones, en las que alguien dice algo que nos molesta y no sabemos controlar nuestro enfado, otras en las que sentimos que los demás se aprovechan de nosotros… Por eso hoy quiero hablaros de la asertividad, una habilidad de comunicación muy útil y muy importante.

“Asertivi…¿qué?”. La asertividad nos permite expresar de forma adecuada nuestras emociones frente a otra persona, haciéndolo sin hostilidad ni agresividad. Una persona asertiva sabe expresar directa y adecuadamente sus opiniones y sentimientos (tanto positivos como negativos) en cualquier situación social. ¿Tú eres asertivo/a? Si la respuesta es no, ¡no te preocupes! Puede aprenderse, con tiempo y esfuerzo se puede conseguir.

3 formas de comunicarnos: agresividad, pasividad y asertividad.

Imagina un continuo, donde la agresividad está en un extremo y la pasividad en el otro. Nos vamos moviendo a diferentes puntos del continuo en función de la situación.

estilos de comunicación

Las personas agresivas anteponen sus necesidades a las de los otros, luchan por salirse con la suya “pisoteando” a los demás, hablan en un tono elevado o amenazante, chantajean, usan la ironía,… Y en el extremo opuesto están las personas pasivas, que anteponen las necesidades de los demás sobre las suyas, dando más valor a lo que los otros piensan, callan lo que piensan para no ofender o para no crear conflicto, hablan en tono bajo o dubitativo,…

En un punto intermedio se encuentra la asertividad. Las personas asertivas hablan en primera persona de lo que piensan, sienten, quieren o necesitan, dando espacio también a los demás a expresarse, y transmiten seguridad porque utilizan un tono firme pero relajado.

Todos actuamos de estas tres formas según las situaciones, pero siempre una predomina sobre los otros. No existe una persona 100% asertiva, el objetivo es conseguir la libertad para elegir cómo queremos comportarnos en ciertas situaciones, porque es diferente elegir que reaccionar.

Si algún día estás en la cola del supermercado y alguien se cuela, podrás observar los diferentes estilos. Tendrás al que se queda callado o como mucho le lanza una mirada cómplice a alguno de la misma cola, buscando que éste/a diga algo. También verás al que se lanza a protestar directamente diciendo algo tipo “Oiga! No se cuele!” o “Señora (o señor)! Se está colando!”. Por desgracia, es en menos ocasiones cuando vemos a alguien que se dirige de forma asertiva. Algo del tipo: «Disculpe Señora, tal vez no se haya dado cuenta de que se está colando, pero eso puede molestar a los que estamos esperando en la fila.»

Si reaccionamos de forma agresiva, lo más fácil es que nos encontremos una reacción de igual magnitud o superior, porque todos nos solemos poner a la defensiva. Y si reaccionamos pasivamente, seguramente no será la primera ni la última vez que se aprovechen de nosotros. Sin embargo, si utilizamos la asertividad, tendremos más posibilidades de conseguir mejores resultados, se nos abren más puertas.

“Sea como fuere lo que pienses, creo que es mejor decirlo con buenas palabras”.
William Shakespeare.

¿Cómo utilizar la asertividad para comunicarnos?

Haim Guinott nos propone una técnica asertiva muy útil para cuando queramos expresar algo que nos incomoda o molesta: “la fórmula XYZ”. “Cuando haces o dices X, me siento Y, por lo que me gustaría que hicieras Z”.

X: Definir claramente el problema, ¿qué es exactamente lo que me ha molestado?

Y: Identificar claramente cómo me ha hecho sentir. Hay que evitar decir “me haces sentir mal”, indaguemos un poco más.

Z: Especificar la conducta que hubiera preferido, formulado en positivo (evitando el “no hagas…”, el “dejar de…”, etc.). Los demás no pueden adivinar cómo nos gustarían las cosas, si no les damos una pista pueden optar por el ensayo-error hasta que acierten.

Algunos autores proponen añadir un cuarto elemento: “¿Qué te gustaría que hiciera yo?/ Por mi parte me comprometo a…”. Se trata de asumir la parte de responsabilidad que nos toca, tendiendo la mano al otro y cerrando el círculo.

Por ejemplo, “Cuando me preguntas continuamente qué me pasa y yo te respondo que nada, haces que me sienta tenso y que me encierre más en mi mismo, por lo que me gustaría que esperases a que yo esté preparado para explicarte. Por mi parte me comprometo a cambiar mi respuesta y decirte más claramente que necesito un tiempo para aclarar mis ideas y sentimientos y a recurrir a ti en cuanto lo esté”.

No siempre vamos a obtener los resultados esperados en los otros, pero por lo menos que no sea porque lo hemos intentado de buenas formas! Es una de las cosas que trabajamos con los adolescentes en el proyecto PIMEX y que a todos nos puede ser útil para responder ante una crítica o para expresar cómo nos sentimos ante algo. Ahora toca poner en práctica y contarnos tus experiencias.

Si quieres desarrollar tus habilidades asertivas para mejorar tus relaciones sociales, te invito al Taller de Asertividad que tendrá lugar el próximo 30 de Mayo en Zaragoza. Toda la información aquí.

¡Abrazos para tod@s!

Laura Gracia Crespo
Psicóloga en Espacio Mente y Salud – Zaragoza

Bibliografía:

Bach,E. y Fornés, A. “La asertividad. Para gente extraordinaria”. Plataforma Editorial.
Castanyer, Olga. “Aplicaciones de la asertividad”. Editorial Desclée De Bouwer
Roca, Elia. “Como mejorar tus Habilidades Sociales”. ACDE Ediciones.

Intervención con menores expulsados (PIMEX)
Intervención con menores expulsados

Mañana por la tarde ponemos en marcha por primera vez el proyecto PIMEX. Se trata de un plan de intervención con menores expulsados o sancionados de alguna forma por su centro escolar, basado en la educación emocional y en la dotación de herramientas sociales.

La adolescencia es una etapa difícil, en la que el menor busca definir su personalidad, encontrar su lugar en el mundo. Pero en ocasiones la búsqueda de esta identidad se realiza por vías que no son las más adecuadas. Problemas de autoestima, falta de habilidades sociales, dificultades para expresar y controlar las emociones de una manera adecuada, rechazo de las figuras de autoridad, falta de motivación, etc. Son algunas de las dificultades con las que vive un adolescente y que pueden estar detrás de comportamientos disruptivos en el centro educativo.

Ante un alumno conflictivo, la ley educativa prevé que se pueda expulsar a un alumno/a en la etapa obligatoria, pero no va más allá. Con el tiempo, se ha visto que la expulsión del centro educativo actúa como un “parche” para un problema inmediato. Además, puede suponer un aumento de otras conductas de riesgo entre los menores sancionados: consumo de drogas, vandalismo, violencia, etc.

No existe ninguna asignatura actualmente en la educación obligatoria que trabaje contenidos emocionales de manera equiparable a asignaturas como Lengua y Literatura, Matemáticas o Ciencias. Esto nos serviría para educar de forma integral a nuestros jóvenes y, en consecuencia, para prevenir dificultades y conflictos en el futuro.

Existen numerosos programas en el ámbito estatal con un carácter preventivo y/o rehabilitador, que trabajan con menores de centros educativos para mejorar la convivencia escolar. Sin embargo, no hay muchos programas implantados en España que realicen una intervención con menores expulsados o sancionados. La filosofía de trabajo con los adolescentes no debe ser punitiva, sino rehabilitadora: trato humano, confianza, trabajo, aprendizaje, socialización. Es necesario un espacio dónde se adquieran herramientas (educación emocional, regulación afectiva y personal, transmitir valores positivos, escucha activa, desarrollo de la empatía, sentido de la responsabilidad, gestionar el enfado, cooperación para la resolución de problemas…).

Ante la falta de un recurso de similares características en la ciudad de Zaragoza y nuestra experiencia en el trabajo con adolescentes, desde Espacio Mente y Salud planteamos el Proyecto PIMEX: Plan de Intervención con Menores Expulsados, ofreciendo una intervención específica, basada en la educación emocional y en la dotación de herramientas sociales que permita a los adolescentes responder de maneras alternativas en sus conflictos cotidianos. Y la primera experiencia de este Plan de Intervención con Menores Expulsados va a ser en el IES Pablo Gargallo de Zaragoza con un grupo de alumnos que han sido sancionados en los meses anteriores.

¡Os contaremos la experiencia! Y si trabajas en un centro educativo y estás interesado/a en implantar nuestro proyecto en tu centro durante el próximo curso, puedes ponerte en contacto con nosotras en info@espaciomenteysalud.es.

El niño interior
nino interior

Después de este tiempo de descanso en el blog parece que por fin ha llegado la inspiración divina, esa que a veces por mucho que la buscas no hay manera de encontrarla. Llevaba tiempo pensando en algún tema para desarrollar pero, como casi siempre, el tema me encontró a mí y no al revés. Leyendo el libro “Mujeres que corren con lobos” de Clarissa Pinkola Estés (os lo recomiendo, sobre todo a vosotras) me encontré con un fragmento que me pareció precioso, y que aquí comparto con vosotr@s para hablaros sobre nuestro niño interior:

Abraza la soberbia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño no querido.
Abraza la exigencia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño que no ha sentido el Amor.
Abraza al “agradador eterno” que hay en ti porque detrás de él hay un niño rechazado.
Abraza la ira y el enojo que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño abandonado.
Abraza al solitario que hay en ti, porque detrás de él hay un niño excluido y discriminado.
Abraza la desgana, la apatía, la falta de sentido, porque… detrás de todo esto, está tu niño padeciendo ser quién no es…
Abraza el dolor que hay en ti, porque detrás de él hay un niño lastimado.
Los niños que habitan dentro de nosotros, están empezando a manifestarse y esta vez no pararán hasta ser escuchados…
Por favor, desde lo más profundo de mi corazón te pido, no los silencies más…
Aprender a integrarlo, a comprenderlo, a abrazarlo, a liberarlo, devolverlo a la vida, esta es la tarea de hoy, te aseguro que es el Camino para que tu Divinidad baje a la Tierra.

Clarissa Pinkola Estés. Mujeres que corren con lobos.

Lo (nos) olvidamos, lo (nos) ignoramos, lo (nos) acallamos, lo (nos) castigamos, lo (nos) arrinconamos… Es una de las partes más importante y más frágiles de nosotros mismos y decidimos no atender a nuestro niño interior. Nuestra evolución de la personalidad va marcada por “traumas”, chinchetas colocadas en nuestra línea del tiempo que señalan acontecimientos que nos han dejado marca y que quizás no hemos resuelto de la mejor manera posible.

Cuando con 40 años reaccionamos “como un niño” ante, por ejemplo, una ruptura de pareja y no podemos parar de llorar (desconsoladamente, “como un niño”) estamos reviviendo aquello que sentimos cuando teníamos 5 años y papá se tuvo que marchar a trabajar fuera. Con 5 años no lo supimos elaborar, nuestro alrededor quizás no supo acompañarnos en la elaboración, y con 40 años nos encontramos reviviendo lo que sentimos con 5 años y lo que nos está pasando actualmente lo interpretamos como es lo mismo y que no vamos a ser capaces de cambiar las emociones que tuvimos con 5 añitos. Ninguna de las dos situaciones las sabemos superar, creemos que no tenemos recursos para superarlo, no sabemos verlos… Buscamos como adultos la forma de elaborar una herida que está abierta desde que éramos niños, diciéndonos a nosotros mismos que es una tontada, que somos capaces de seguir adelante (es cierto que lo somos) sin esa persona, diciéndonos una serie de cosas… pero no sintiéndolas…

Nuestro niño interior no nos entiende cuando le decimos que todo va a ir bien, porque no necesita saber qué pasará en el futuro. Necesita que alguien adulto (tu yo de 40 años) lo abrace con sus 5 años y le diga que no está solo (que lo quieres tal y como es y que no necesita decir a todo que sí, que no lo discriminas y que no hace falta que siga siendo solitario, que no necesita esa autoexigencia excesiva porque ya lo amas…), que la persona de 40 años le acaricié la cara, lo abrace, lo mantenga un tiempo entre sus brazos, le pida perdón por no haberlo escuchado hasta ahora y de paso que el yo adulto, el de 40 años, se perdone también a sí mismo por todas esas autoexigencias, esa forma de mantenerse aislado para protegerse que muchas veces le ha traído dolor, por la ira y el enojo que ha sentido… porque todo lo ha hecho para protegerse… En el momento en que niño y adulto se encuentran se produce un efecto precioso. A través de la meditación se puede llegar fácilmente al encuentro con nuestro yo interior, relajándonos, visualizando que poco a poco se acerca un niño (o niña), viendo que es nuestro niño interior y abrazándolo y calmándolo.

Para que os resulte un poco más fácil es dejo una guía para hacer el ejercicio de conectar con vuestro niño interior (princha aquí)

“Imaginaros que estáis en un lugar de la naturaleza, un sitio que conocéis desde hace mucho tiempo, una playa, un lugar de la montaña, un bosque, una pradera, está amaneciendo, atardeciendo,… os encontráis solos, escucháis los sonidos del viento,… incluso oléis la naturaleza,… Disfrutad durante unos segundos de este momento, visualizarlo…

De repente, a lo lejos veis un niño, una niña, que os llama la atención, tendrá unos cuatro o cinco años,… os acercáis y según llegáis casi a su lado os dais cuenta de que ese niño o niña eres tu, ¡qué sorpresa!,…. Mira como te mira, como te sonríe,… te dan unas ganas tremendas de abrazarlo, de abrazarla. Pidele permiso para tocarlo, abrazarlo, besarlo. Lo haces, le tienes en tus brazos, en tu regazo,…mira que cara llena de ilusión, de alegría, de esperanza, que ganas enormes de jugar, de,… escucha como te habla, ¿Qué te dice?… Disfruta de este momento, regálate unos minutos,…pero ¡qué bonito, qué bonita es!, está lleno, está llena de vida ¿Verdad?

Dile que le quieres, que le amas, que sientes no haberte comunicado antes con él, que es maravilloso, que tiene mucha luz…recuérdale que siempre vas a estar con él, que no tenga miedo, que a partir de hoy siempre estarás con él, nunca estará solo, hazle sentir seguro, reconfortado y sobre todo amado.

Termina diciéndole LO SIENTO, PERDÓNAME, TE AMO, GRACIAS varias veces hasta que te sientas bien.

Al cabo del rato, decides volver a dejarlo en el suelo y te despides con enorme cariño de el o de ella, le dices adiós con la mano, ves como no deja de sonreírte,… Saborea este instante,… ahora es cuando me tocaría deciros “volved a abrir los ojos”.”

Si os apetece podéis contarnos vuestra experiencia.

Un abrazo a niñ@s interiores y a adultos.

Laura Blasco Barrena
Psicóloga Espacio Mente y Salud

Charla 25 de Abril, Gurrea de Gállego (Huesca)
charla habilidades sociales

La asamblea local de Cruz Roja Española en Gurrea de Gállego (Huesca) invita a nuestra psicóloga Laura Gracia para impartir una charla dentro de la programación de actividades culturales de la localidad.

En la charla “Habilidades para la vida: estrategias para mejorar nuestro día a día” se abordará cómo la comunicación y otras habilidades sociales pueden mejorar nuestras relaciones con los demás y, en consecuencia, nuestro bienestar diario. A través de la interacción con los asistentes, se fomentará la reflexión y el conocimiento de diferentes estrategias para mejorar las habilidades sociales.

La charla tendrá lugar el viernes 25 de Abril de 2014 a las 17.00 h en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Gurrea de Gállego (Huesca). La entrada es gratuita hasta completar aforo.

¡Os esperamos!

Aprender de los errores
aprender de los errores

Hoy quiero hablaros sobre un tema que estuve debatiendo con un paciente la semana pasada: los errores que cometemos. Evidentemente, a nadie le gusta equivocarse. Hay algunas situaciones en las que cometer un error no tiene consecuencias o son mínimas, pero hay otras en las que pueden ser más graves. Por ejemplo, no es lo mismo tomar una calle errónea para llegar a un lugar y que resulte que demos más vuelta y nos retrasemos en llegar a ese sitio, que decidir hacer una inversión económica importante en un piso, una empresa, etc. y que “salga rana”. Lo que está en juego es muy diferente.

A pesar de esto, los errores que cometemos a lo largo de nuestra vida son parte de nuestro saber en el presente. Al cometer un error realizamos un aprendizaje sobre cómo no hay que hacer las cosas, o en qué circunstancias no hay que hacerlas, o de quién no fiarnos… Nadie nace con todos los conocimientos del mundo, por ello existen altas probabilidades de equivocarnos de vez en cuando. Con esto no quiero decir que nos tenga que servir de excusa para tomar decisiones “a la brava”, sin pensar en los pros y contras. Por su puesto, cuando se ha de tomar una decisión acerca de algo, sobre todo si hay mucho en juego (ya sea a nivel económico como a nivel personal), hay que tomarse un tiempo para poder valorar las opciones, consultar a expertos que nos puedan asesorar, valorar los riesgos, ver a quién afecta y de qué modo, saber cuáles son nuestros miedos, etc. y poder aprender de los errores.

Una vez tomada la decisión, si resulta que sale mal, tenemos una oportunidad de aprender que no podemos dejar escapar. Eso sí, nos va a tocar tomarnos un tiempo de reflexión para extraer la información más valiosa. Los errores son parte de la superación personal, de enfrentarse a los propios miedos, de crecer más y más.

Si borraras todos los errores de tu pasado, estarías borrando toda la sabiduría de tu presente

Cómo analizar y aprender de los errores

Muchas veces se cree que cuando nos equivocamos es mejor no pensar en el error y centrarse en el presente y futuro. ¡Nada de atormentarnos! En parte sí, “fustigarse” a uno mismo no lleva a ningún sitio. Pero para conseguir mejorar, tenemos que dedicar un poco de tiempo en detectar en qué hemos fallado para poder mejorarlo en próximas ocasiones:

1. Piensa en cómo llegaste a tomar la decisión: analiza cuál fue el proceso, qué alternativas tenías y cuáles eran sus ventajas y desventajas y  qué fue lo que te llevó a decantarte por una y no por cualquiera de las otras.

2. Reflexiona sobre las circunstancias que rodearon la decisión: ¿era el mejor momento?, ¿era el mejor lugar?, ¿te comunicaste de manera adecuada?, ¿actuaste “con el corazón” o “con la cabeza”?

3. Piensa en alternativas de acción para la misma decisión y decide cuál de estas sería la más adecuada tuvieras la oportunidad de volver a actuar.

4. A veces no es la decisión en sí lo que falló, si no las formas (cómo lo dijiste o lo hiciste). Reflexiona también sobre ello y  piensa en alternativas.

Después de este proceso, tendrás mucha información que te puede ser valiosa para próximas ocasiones. Pero esto no es todo, hay algunas cosas más que tienes que tener en cuenta para aprender de los errores:

– Nadie es perfecto. Date permiso para equivocarte y aprender de ello.

– No te culpabilices. En vez de pensar en términos de culpa piensa en responsabilidad, que tiene una connotación más positiva e invita a la acción.

– Si tu error afecta a otras personas, se humilde y pide disculpas. Tienes que «ponerte en la piel del otro» para ver de qué forma le ha podido afectar.

– No justifiques los errores ni eches “balones fuera”. Culpar a otros de tus fallos puede ser la manera más fácil de sentirte bien, pero no aprendes nada.

– «Lo hecho, hecho está». Esfuérzate en que no se vuelva a repetir. Cuando el mismo error se repite, toca reflexionar más a fondo. Seguramente tendrá que ver con tu forma de pensar y cambiar eso requiere más esfuerzo.

– No te rindas en tus planes y proyectos. Si algo sale mal siempre hay alguna manera de arreglarlo y de mejorar.

Y recuerda, las experiencias de la vida son las que más conocimientos nos aportan. ¡No las desaproveches!

Laura Gracia Crespo

Psicóloga en Espacio Mente y Salud – Zaragoza

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