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5 PAUTAS PARA AYUDAR A NIÑOS VULNERABLES
Canva - Boy in Gray Top Standing in Front of Water Fountain

En algún momento se ha cruzado en nuestro camino o en el de personas cercanas, un niño o adolescente con una historia vital complicada (problemas familiares, maltrato, bullying, contextos socio-culturales negligentes…) que, como cabe esperar, está condicionando su forma de ser y actuar. Esta situación nos produce un estado emocional en el que se mezclan la pena, la preocupación, la rabia y sobre todo el deseo de ayudar al niño o adolescente a tener una vida lo más normalizada posible, pero es probable que no sepamos cómo podemos hacerlo y nos surjan dudas. A continuación se ofrecen una serie de pautas que nos permitirán ayudar al niño en el día a día.
La clave versa en ofrecer una vinculación segura al niño/a un clima en el que pueda sentir seguro, acogido y contenido, es decir, un espacio en el que pueda ser él mismo, se sienta aceptado, querido, valorado y protegido de forma que pueda desactivar las defensas que ha tenido que utilizar en su día a día debido al miedo y desvaluación que ha padecido.

5 pautas para ayudar a niños vulnerables :

• Demostrarle que existen adultos en los que puede confiar: transmitiéndole eres alguien con quien puede compartir sus experiencias, incluyendo las más dolorosas y no va a ser juzgado ni culpabilizado por ello, sino comprendido. Para ello podemos hacerle verbalizaciones basadas en la honestidad y sinceridad de lo que sentimos, tales como “qué difícil ha sido lo que has tenido que vivir” “realmente se han portado muy muy mal contigo” “nadie tendría que vivir lo que tú has vivido”.
• Hacerle ver que es una persona valiosa con muchos aspectos positivos: es probable que haya recibido mensajes de desprecio y desvaluación que hayan mellado su autoestima. Por lo tanto, buscar con él/ella sus potencialidades, sus cualidades positivas, le puede hacer cambiar esta visión negativa de él mismo y aprender que hay personas que lo valoran. Para ello podemos hacer una lista de actividades que se le dan bien y ofrecerle refuerzo.
• Transmitirle que es un niño “normal”: tratarle como un niño más, dirigirse a él como se haría con cualquier niños, de forma que sienta que es un niño más y no diferente por haber sufrido. Para ello puede introducirse en la conversación actividades o acciones que comparte con sus iguales y favorecen la identificación con ellos, como por ejemplo el colegio, deportes, música…y hablar de los compañeros con los que los comparte.
• Mostrar interés genuino por el niño: interesándonos por todos los aspectos de su vida, no sólo por la parte negativa que a él/ella le identifica en contra de su voluntad. Preguntarle por sus gustos, por las actividades que realiza, sus compañeros, juegos…de forma que perciba que realmente el terapeuta se interesa por él y por conocerle.
• Acoger sus emociones y mostrarle empatía: poner nombre a las emociones que siente o ha sentido y recibir feedback de empatía va ayudarle a sentirse respetado, entendido y con un espacio en el que puede expresarlas libremente, sin miedo.
Aunque la experiencia de apego haya sido deficiente, es posible, hasta cierto punto, repararla con una relación de calidad y, de este modo, contribuir al desarrollo de capacidades resilientes (Barudy y Dantagnan, 2005).

Cristina Lambán Sánchez, Psicóloga infanto-juvenil.

EDUCACIÓN Y CRIANZA: CONECTAR PARA EDUCAR
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Sin duda la educación y  la crianza es una de las más apasionantes y a la vez desafiantes tareas que se nos pueden presentar. Todo un reto empatizar con la infancia y crear vínculos sanos dentro de la familia.
Tanto padres y madres, como cualquier otra persona implicada en la vida del niño/a intentan desarrollar el  potencial del niño y acompañarlo hacia el éxito en todas sus facetas. Nuestro objetivo es el desarrollo global de su personalidad, así como favorecer su desarrollo cognitivo-motor y afectivo-social.

Pero a veces sentimos que no lo hacemos bien, ya que es difícil desde nuestra mirada como adultos, con una  historia previa  experiencias positivas y negativas, y contando, además, con un contexto socio-laboral que no siempre favorece ser un buen referente para nuestros hijos las 24 horas el día, ya que al final de la jornada la aparición del estrés y el cansancio es inevitable. El adulto acompaña los aprendizajes que ellos todavía no han atravesado, e intenta ver el mundo como ellos lo ven, por ello, vamos a intentar dar algunas pautas para que podamos empatizar con ellos y ayudarlos de una forma más precisa y eficaz:

-No restes importancia a lo que el niño se la da: a menudo se nos olvida que nosotros también fuimos niños y necesitamos una serie de experiencias emocionales para poder madurar. Cuando el niño nos transmita preocupación, alegría, enfado… cualquier emoción relacionada con algo que ha vivido, debemos entender que ha sido algo lo suficientemente importante como para provocar estas emociones en él, y así debemos tratar esa información. Acompañarle  y ayudarle en la gestión de esta emoción desde el prisma con el que él la ve le aportará seguridad, al sentirse comprendido y arropado. Por ello, es de suma importancia ayudarles a identificar y poner palabras a lo que les ocurre, así como ayudarles a pensar ya que las palabras y el diálogo son siempre sanadores.
-Démosles pautas concretas y específicas: ¿cuántas veces hemos utilizado frases como “pórtate bien“ o ”así no se hace”? Quizás nosotros, como adultos entendemos a que se refieren estas pautas, pero no olvidemos que los niños están en una etapa de constante aprendizaje y evolución y por lo tanto, hay muchas cosas que les quedan todavía por aprender. Es muy importante que les acotemos  y especifiquemos al máximo qué esperamos de ellos o qué les pedimos  porque un “pórtate bien” dependiendo del contexto y la persona puede significar “quédate sentado y callado” y en otro contexto diferente puede ser “habla con los demás e interésate por ellos”. Por lo tanto, las pautas ambiguas y abstractas en etapa de aprendizaje crean en el niño confusión e inseguridad, así que es importante tratar de concretarlas al máximo y que el propio niño sea capaz de evaluar si está actuando de forma correcta o no.
-Dejémosles tomar sus propias decisiones: la toma de decisiones es una capacidad que va a marcar gran parte de nuestra vida como adultos, por lo tanto, es importante que durante la infancia y adolescencia ya vaya configurándose y poniéndose en práctica. Por supuesto, hay decisiones que ellos no pueden tomar todavía por su etapa madurativa, pero otras muchas sí, como organizarse el tiempo de estudio, las tareas, decidir qué aficiones o actividades extraescolares quieren probar…No olvidemos que los niños no son una copia de sus adultos de referencia, pueden tener gustos, aficiones e ideales diferentes y debemos permitirles desarrollarlos e ir conociéndose y descubriéndose a ellos mismos. Además, todo esto contribuirá a que el niño compruebe las consecuencias de sus decisiones y pueda responsabilizarse de éstas, algo primordial en el proceso evolutivo.

Hemos resumido 3 de las claves que pueden resultarnos útiles en la educación y crianza de los niños, siempre partiendo de la empatía, la comprensión y el respeto, los cuales han de ser siempre nuestros guías.
Educar es comunicación, educar es cuidar de la vida y no siempre es fácil. Hay un proverbio africano que dice que hace falta toda una tribu para educar a un niño.

Cristina Lambán Sánchez

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