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Modelo de belleza femenina, ¿cómo nos afecta?

Modelo de belleza femenina, ¿cómo nos afecta?
Cómo nos afecta el modelo de belleza fenenina
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Psicóloga sanitaria en Zaragoza. Experta en intervención familiar sistémica y en drogodependencias. Formadora y terapeuta en Espacio Mente y Salud con adolescentes y adultos. "Me gusta acompañar a las personas en sus procesos de crecimiento personal. No hay para mi mayor satisfacción que ver que mis pacientes superan sus dificultades y renacen para afrontar sus vidas con una nueva actitud".

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Aunque el tiempo que nos acompaña estos días no nos invita a pensar que el verano ya está cerca, los medios de comunicación sí que se encargan de recordárnoslo. Nos bombardean continuamente con anuncios sobre productos adelgazantes, reafirmantes, light, etc., dietas milagro, críticas a los cuerpos de los famosos,… Todo ello para llegar a estar “perfectas” para el verano, para lucir una “figura 10”… Pero, ¿qué es un cuerpo 10? ¿Quién decide las características que son “más bellas” en un cuerpo de mujer? Hoy quiero reflexionar sobre cómo nos influye el modelo de belleza femenina.

El modelo de belleza femenina ha ido evolucionando a lo largo de la historia, resaltando un “cuerpo ideal” muy diferente dependiendo de la época. Por ejemplo, hubo una época en la que los cuerpos voluptuosos, con amplias caderas y pechos, eran símbolo de salud, fertilidad y belleza. Sin embargo, todo acabó evolucionando a perseguir una talla 36, influido por el gran protagonismo de algunas top models. Si queréis hacer un repaso sobre la evolución del modelo de belleza femenina a lo largo de la historia podéis leer más aquí.

En la actualidad, el modelo de belleza femenina apuesta por la delgadez, por la falta de curvas. Se nos vende “la perfección”, pero esta belleza perfecta no existe. A diario vemos a modelos y famosas en la tele, en internet y en las revistas con una apariencia que es absolutamente irreal. En casi todas las ocasiones acentuada por “artimañas” como el maquillaje o el photoshop que “arregla los desperfectos”, corrige arrugas y manchas, quita la “carne sobrante”, ilumina el rostro, etc. Todo para acercarlo a ese ideal de belleza. En el siguiente vídeo podéis ver cómo el photoshop y el maquillaje pueden cambian por completo la imagen de una persona.

Luego están las tallas. Hacer como talla estándar la 36-38 y considerar la talla 44 una “talla grande”. Esta etiqueta, hace pensar a muchas mujeres que están gordas porque están fuera de lo que se considera “normal”, minando su autoestima. Por no hablar de las diferencias de tallaje en función de la tienda. ¿Quién no ha ido a probarse un pantalón de su talla y que no le sirva? Normalmente, el primer pensamiento automático suele ser “Ya me he engordado”, sin embargo, no es nuestro cuerpo el que falla, sino las tallas. Estas no están basadas en mujeres reales, por lo que a menudo no sirven a mujeres reales.

Y aunque pensamos que esto no nos afecta, porque somos totalmente conscientes de las manipulaciones, sí que lo hace. De forma implícita (aunque muy a menudo de forma explícita) va influyendo en nuestra percepción de la belleza, en lo que pensamos que es “bonito” y lo que es “feo”.

Consecuencias del modelo de belleza femenino

Este modelo de belleza tan alejado de la realidad acaba ejerciendo una influencia negativa en la mayoría de los casos:

Baja autoestima y frustración. Vemos que nuestra imagen no se acerca a ese modelo de belleza femenino y por mucho que nos esforcemos, nunca estaremos lo suficientemente cerca. Pero no nos damos cuenta de que la razón es que es irreal. A veces se acaba recurriendo a la cirugía para poder alcanzar aquello que deseamos, a dietas super agresivas para perder 10 kg en poco tiempo,… Pero todo ello al final no nos hace felices, baja nuestra autoestima y nos frustra.

Visión distorsionada sobre nuestra propia belleza. Al final la baja autoestima hace que constantemente nos comparemos con ese ideal de belleza y que cada vez nos veamos más lejos, distorsionando incluso esa imagen sobre nuestro propio cuerpo.

Inseguridad. Nos convertimos en mujeres poco seguras, porque nos sentimos constantemente cuestionadas y evaluadas.

Enfermedades. Al final tanta presión, en algunas mujeres acaba pasando factura, una cara factura: trastornos de la conducta alimentaria o de la imagen corporal como la anorexia y la bulimia.

¿Qué podemos hacer para no dejarnos influir por el modelo de belleza femenino?

  • Confía en ti misma
  • Mírate al espejo a diario y con una sonrisa dile a ese reflejo lo guapa que es
  • Lleva una dieta equilibrada y realiza deporte habitualmente, no para estar perfecta sino para estar sana y sentirte bien
  • Muéstrate atenta y crítica con el bombardeo de los medios. No consiste en criticar, sino en ser consciente de que esos modelos no son reales y por lo tanto no alcanzables.
  • Cultiva tu autoestima positiva, acéptate tal y como eres. Si tú no te aceptas no esperes que los demás lo hagan.
  • Navegando por la red me encontre hace poco con este video de la nueva campaña de Dove (no nos patrocinan el blog, pero creo que hacen campañas muy buenas para luchar contra este canon de belleza y por fomentar la autoestima de las mujeres):

    El cambio está en las manos de cada una de nosotras, en tomar conciencia y actuar. ¿Estás dispuesta?

    Laura Gracia Crespo
    Psicóloga en Espacio Mente y Salud

     

    4 Comments

    • Hola.

      Me gustaría expresar mi opinión sobre algunos puntos del artículo, más concretamente sobre el punto de las enfermedades como la anorexia, la bulimia (y la vigorexia), su relación con el modelo femenino (masculino) y las recomendaciones que se dan a seguir para que dicho modelo no nos influya, o al menos tanto.

      Dejo constancia de que no soy psicóloga y mi intención no es la de hacer ver que sé mas que nadie expresando esto. Sólo quiero dar mi opinión y si puede ayudar a alguien a reflexionar o incluso a mí misma, que lo haga.

      Me parece positivo que se transmita el mensaje de que la belleza femenina no nos debería importar tanto, pero interpreto que sólo el hecho de que la importancia hacia esa belleza puede derivar en un trastorno alimentario, y me parece que es trivializar estas enfermedades que tanto se relacionan con la moda y los cánones estéticos.

      Me gustaría expresar que he sido bulímica, y para más inri, mantuve una relación con un vigoréxico. Actualmente no tengo la expresión mas severa del trastorno y he asistido a dos grupos de terapia. Nunca he sido una persona interesada en absoluto en la moda, nunca he tenido personajes “icónicos” cuyo ideal físico persiguiera, ni me han atraído las revistas de prensa rosa. Aunque sí que es cierto que muchas de las personas con las que he compartido terapia sí tenían dicho perfil. Lo cual no quita para que no tuviera una obsesión por mi físico.

      Se han escrito libros (no sé si muchos, quiizá debieran escribirse más) sobre estas patologías. No obstante, me gustaría recalcar que el cánon físico no es el primer eslabón para caer en este tipo de trastornos, sino de los últimos, más bien cuando la patología está a punto de manifestarse.

      Digo esto porque las personas que hemos tenido este trastorno, hemos partido con unas carencias muy fuertes de base que tienen que ver con la concepción del “yo” y el “yo y mi entorno o los demás”. Estas en su mayoría se han dado por ejemplo, por una mala estructuración familiar, donde los roles de los progenitores eran pobres y estos no son capaces de darnos instrumentos para manejarnos con nosotras mismas ni con los demás, ya que hay una discrepancia entre lo que “yo siento” y “lo que se espera de mi”, creándose un conflicto donde el afecto y la aceptación están en juego.

      Esta situación es mucho más frecuente de lo que se piensa, y bien es cierto que no es el único factor determinante, pero en mi opinión, sí uno de los que más pesa. Creo que además ese es el verdadero motivo de que afecte a muchas más mujeres que a hombres, ya que estos son más proclives a sufrir vigorexia y esto me hace suponer que los roles que recibimos tanto en casa como del entorno, sumados a este modelo pseudodarwinista social que asocia el éxito=culto al cuerpo=felicidad + los roles que cada sexo debe desempeñar + personalidades muy receptivas, resulta en un cóctel explosivo.

      Cuando decidimos tomar el control sobre nuestros cuerpos, es cuando sentimos, creemos darnos cuenta o nos hacen creer que no podemos controlar lo más importante: las emociones y los afectos.

      Nos cosificamos y apoyamos todas nuestras espectativas en unos pocos puntos de apoyo que varían según el tiempo y las personas que nos perciben: “soy el listo”, “soy el majo”, “soy el que más corre” etc. Y cuando eso deja de cumplirse sentimos que ya no valemos nada, perdemos la identidad. Así que como último recurso en la búsqueda de esa identidad amable, buscamos el icóno físico como reclamo para los demás, olvidándonos de las cosas que verdaderamente nos gustan o nos importan.

      Lo triste, es que la mayor parte de la gente que tiene estos problemas, ha basado tanto su vida en el agrado y aceptación de los demás para sentirse bien que ni siquiera saben lo que les gusta o lo que no, porque todo su mundo lo han construido en base a los gustos externos. Resumiendo, que un porcentaje importante de personas con este trastorno, poseen ya de base un trastorno de la personalidad. Somos dependientes, con baja tolerancia a la frustración, rígidos, con alto grado de exigencia hacia nosotros mismos y obsesivos entre otras cosas.

      Las mujeres solemos presentar características muy asociadas al rol femenino: ser complacientes, obedientes, trabajadoras, tener dificultades para decir que “no” o renunciar a nuestras necesidades por las de los demás. Los hombres suelen adoptar características dominantes, agresivas, actitudes valientes, ir de potentes sexualmente… cada uno adopta su rol imperante. Lo bueno es que esto se puede cambiar si se toman medidas a tiempo, aunque algunos digan que los trastornos de personalidad son para toda la vida (los alimentarios pueden no serlo).

      Como he dicho antes, los roles que se establecen en la sociedad son un mal legado cultural y fomentan el problema. Ya no sólo porque nos exijamos a nivel individual y perdamos todos nuestros valores importantes, si no porque las personas que nos rodean, familiares, amigos, conocidos, tienden a usar esos raseros para evaluarnos y generarse expectativas que condicionan nuestro afectos a ese modelo, lo que nos causa un pavor incontrolable, más cuando somos niños/adolescentes o adultos inmaduros.

      Para finalizar me gustaría dar unos consejos para aquellas personas que presentando o no trastornos alimentarios se sientan identificados con lo que he expresado. Son mis pautas personales de cómo trato de encauzar mi vida, que no es perfecta, pero si mucho mejor que la mis primeros años de vida y mi época bulímica. Sé que hablar es fácil, lo tengo en cuenta:

      1)
      Si tienes estos rasgos de personalidad tan acusados que hacen que tu vida se convierta en un infierno, acude a un psicólogo. No esperes a que el trastorno alimentario se manifieste. Si te has dado cuenta de que tienes un problema cuando has manifestado el trastorno alimentario, acude cuanto antes. Todo no está perdido y una vida mejor es posible. Lo garantizo.

      2)
      Amate a tí mismo. Seguro que a los que te rodean en seguida eres capaz de sacarles cualidades positivas. Tú también las tienes. No dejes que te clasifiquen ni te sientas obligado a cumplir las espectativas que los demás se formen de tí. Si les decepcionas, es su problema. Que las personas seamos distintas es tan hermoso como la biodiversidad animal y querer clasificarse o clasificar a los demás es una pérdida catastófica de capital humano. Nadie vale más que nadie. Lo que para unos puede ser un tipo “friki” para otros puede ser una joya.

      3)
      Tampoco te crees falsas espectativas de nadie. Nadie excepto tú puede encargarse de tu vida y de decidir en ella y nadie tiene la obligación de hacerlo por ti. A parte de que si lo permites sin estar seguro, te podrías estar dejando manipular gratuitamente y la sensación de sentirse así es asquerosa. Eres libre para decidir quien quieres que entre y salga de tu vida y de estrechar o alejar ese vínculo hasta donde tú lo creas conveniente. No le debes nada a nadie. No te relaciones con nadie para que te deban algo a tí.

      4)
      Relacionado con lo anterior, no temas decir NO. Si no quieres participar de algo… NO. Tienes derecho. Mucha gente manipula a placer aprovechándose de esta falta de asertividad. Ya basta.

      5)
      Tú por ti mismo puedes vivir y ser feliz. No dependes ni de un grupo de amigos ni de una pareja, así que no los busques para complementarte o que te ayuden a impulsarte para realizar tus proyectos de vida. Tú por ti mismo eres un “todo”. Júntate por agrado y no por no quedarte solo. Vivir con el dolor de no poder ser tu mismo pasa factura, si es que no revienta. Mucha de la gente que es infiel a sus parejas o a otras personas lo es por este motivo y esto es una gran fuente de infelicidad evitable tanto para tí como para los demás.

      6)
      Quien te quiere de verdad, te quiere por cómo eres con tus virtudes y tus defectos. Aferrarse al físico es absurdo porque no es eterno, decae, sólo es cuestión de tiempo. El capital humano de lo que puedas aportarte a ti mismo y a los demás y viceversa es la verdadera garantía de felicidad en tus relaciones.

      7)
      No tengas miedo de tomar tus propias decisiones y de equivocarte ni te avergüences por ello si lo haces. El que no falla no aprende. Si fallas, admítelo sin miedo. Todos lo hacemos en algún momento o ámbito de nuestras vidas.

      8)
      Si tienes un trastorno alimentario no pienses que saliendo con una persona con un trastorno similar te va a facilitar las cosas o va a aportarte la comprensión que necesitas. Cuando uno está mal, por lo general necesita de personas más fuertes mentalmente que lo acompañen en su proceso de recuperación, familiares de confianza a ser posible. Si dos personas con las mismas carencias de juntan, lo que podrías haber imaginado como idílico puede transformarse en una verdadera pesadilla donde las conductas egoístas, la sensación de culpa o la de desamparo pueden ser el pan de cada día, y la dependencia emocional el ancla que os evite tomar la mejor decisión para ambos.

      • Hola Athos! Muchísimas gracias por tu aportación. Es muy interesante para todos conocer experiencias en primera persona. En este artículo, quería hacer una reflexión sobre cómo nos influye el modelo de belleza, pero en ningún momento dar a entender que ésto es una causa directa y única de alguna patología. Como tu dices, no es así de simple. Si así lo fuera sería más fácil superarlas. Pero no, los trastornos de la imagen corporal, los trastornos de la personalidad, etc. tienen mucho sufrimiento asociado y son muy complejos. No me quise extender a explicar las causas de estas patologías, ya que esto daría para varios posts más. Pero lo que sí quería transmitir es que esa presión social sobre el aspecto físico y sobre el cumplimiento del canon de belleza influyen de manera muy negativa y aportan un granito de arena a que trastornos de este tipo puedan desarrollarse.
        Gracias de nuevo por tu opinión y tus consejos.

    • Muchas gracias a vosotras por haber decidido publicar mi comentario. Ya he estado ojeando otros de los artículos que habéis publicado como el de “adictos a la aceptación social” donde también hacéis mención de estas enfermedades o el vídeo tan bonito que habéis publicado sobre la simpatía y la empatía.

      Vuestra página me parece muy interesante y pienso seguir visitándola con asiduidad. Haceis un gran trabajo divulgativo. Seguid así.

      Un abrazo y saludos.

      • Muchísimas gracias! Palabras así son las que nos animan a continuar con nuestro trabajo. Si quieres puedes seguirnos en las redes sociales, donde vamos compartiendo contenidos también muy interesantes y publicando nuestros artículos del blog (estamos en Facebook, Twitter y Google+). Un abrazo!

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