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El niño interior
nino interior

Después de este tiempo de descanso en el blog parece que por fin ha llegado la inspiración divina, esa que a veces por mucho que la buscas no hay manera de encontrarla. Llevaba tiempo pensando en algún tema para desarrollar pero, como casi siempre, el tema me encontró a mí y no al revés. Leyendo el libro “Mujeres que corren con lobos” de Clarissa Pinkola Estés (os lo recomiendo, sobre todo a vosotras) me encontré con un fragmento que me pareció precioso, y que aquí comparto con vosotr@s para hablaros sobre nuestro niño interior:

Abraza la soberbia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño no querido.
Abraza la exigencia que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño que no ha sentido el Amor.
Abraza al “agradador eterno” que hay en ti porque detrás de él hay un niño rechazado.
Abraza la ira y el enojo que hay en ti, porque detrás de ella hay un niño abandonado.
Abraza al solitario que hay en ti, porque detrás de él hay un niño excluido y discriminado.
Abraza la desgana, la apatía, la falta de sentido, porque… detrás de todo esto, está tu niño padeciendo ser quién no es…
Abraza el dolor que hay en ti, porque detrás de él hay un niño lastimado.
Los niños que habitan dentro de nosotros, están empezando a manifestarse y esta vez no pararán hasta ser escuchados…
Por favor, desde lo más profundo de mi corazón te pido, no los silencies más…
Aprender a integrarlo, a comprenderlo, a abrazarlo, a liberarlo, devolverlo a la vida, esta es la tarea de hoy, te aseguro que es el Camino para que tu Divinidad baje a la Tierra.

Clarissa Pinkola Estés. Mujeres que corren con lobos.

Lo (nos) olvidamos, lo (nos) ignoramos, lo (nos) acallamos, lo (nos) castigamos, lo (nos) arrinconamos… Es una de las partes más importante y más frágiles de nosotros mismos y decidimos no atender a nuestro niño interior. Nuestra evolución de la personalidad va marcada por “traumas”, chinchetas colocadas en nuestra línea del tiempo que señalan acontecimientos que nos han dejado marca y que quizás no hemos resuelto de la mejor manera posible.

Cuando con 40 años reaccionamos “como un niño” ante, por ejemplo, una ruptura de pareja y no podemos parar de llorar (desconsoladamente, “como un niño”) estamos reviviendo aquello que sentimos cuando teníamos 5 años y papá se tuvo que marchar a trabajar fuera. Con 5 años no lo supimos elaborar, nuestro alrededor quizás no supo acompañarnos en la elaboración, y con 40 años nos encontramos reviviendo lo que sentimos con 5 años y lo que nos está pasando actualmente lo interpretamos como es lo mismo y que no vamos a ser capaces de cambiar las emociones que tuvimos con 5 añitos. Ninguna de las dos situaciones las sabemos superar, creemos que no tenemos recursos para superarlo, no sabemos verlos… Buscamos como adultos la forma de elaborar una herida que está abierta desde que éramos niños, diciéndonos a nosotros mismos que es una tontada, que somos capaces de seguir adelante (es cierto que lo somos) sin esa persona, diciéndonos una serie de cosas… pero no sintiéndolas…

Nuestro niño interior no nos entiende cuando le decimos que todo va a ir bien, porque no necesita saber qué pasará en el futuro. Necesita que alguien adulto (tu yo de 40 años) lo abrace con sus 5 años y le diga que no está solo (que lo quieres tal y como es y que no necesita decir a todo que sí, que no lo discriminas y que no hace falta que siga siendo solitario, que no necesita esa autoexigencia excesiva porque ya lo amas…), que la persona de 40 años le acaricié la cara, lo abrace, lo mantenga un tiempo entre sus brazos, le pida perdón por no haberlo escuchado hasta ahora y de paso que el yo adulto, el de 40 años, se perdone también a sí mismo por todas esas autoexigencias, esa forma de mantenerse aislado para protegerse que muchas veces le ha traído dolor, por la ira y el enojo que ha sentido… porque todo lo ha hecho para protegerse… En el momento en que niño y adulto se encuentran se produce un efecto precioso. A través de la meditación se puede llegar fácilmente al encuentro con nuestro yo interior, relajándonos, visualizando que poco a poco se acerca un niño (o niña), viendo que es nuestro niño interior y abrazándolo y calmándolo.

Para que os resulte un poco más fácil es dejo una guía para hacer el ejercicio de conectar con vuestro niño interior (princha aquí)

“Imaginaros que estáis en un lugar de la naturaleza, un sitio que conocéis desde hace mucho tiempo, una playa, un lugar de la montaña, un bosque, una pradera, está amaneciendo, atardeciendo,… os encontráis solos, escucháis los sonidos del viento,… incluso oléis la naturaleza,… Disfrutad durante unos segundos de este momento, visualizarlo…

De repente, a lo lejos veis un niño, una niña, que os llama la atención, tendrá unos cuatro o cinco años,… os acercáis y según llegáis casi a su lado os dais cuenta de que ese niño o niña eres tu, ¡qué sorpresa!,…. Mira como te mira, como te sonríe,… te dan unas ganas tremendas de abrazarlo, de abrazarla. Pidele permiso para tocarlo, abrazarlo, besarlo. Lo haces, le tienes en tus brazos, en tu regazo,…mira que cara llena de ilusión, de alegría, de esperanza, que ganas enormes de jugar, de,… escucha como te habla, ¿Qué te dice?… Disfruta de este momento, regálate unos minutos,…pero ¡qué bonito, qué bonita es!, está lleno, está llena de vida ¿Verdad?

Dile que le quieres, que le amas, que sientes no haberte comunicado antes con él, que es maravilloso, que tiene mucha luz…recuérdale que siempre vas a estar con él, que no tenga miedo, que a partir de hoy siempre estarás con él, nunca estará solo, hazle sentir seguro, reconfortado y sobre todo amado.

Termina diciéndole LO SIENTO, PERDÓNAME, TE AMO, GRACIAS varias veces hasta que te sientas bien.

Al cabo del rato, decides volver a dejarlo en el suelo y te despides con enorme cariño de el o de ella, le dices adiós con la mano, ves como no deja de sonreírte,… Saborea este instante,… ahora es cuando me tocaría deciros “volved a abrir los ojos”.”

Si os apetece podéis contarnos vuestra experiencia.

Un abrazo a niñ@s interiores y a adultos.

Laura Blasco Barrena
Psicóloga Espacio Mente y Salud

Charla 25 de Abril, Gurrea de Gállego (Huesca)
charla habilidades sociales

La asamblea local de Cruz Roja Española en Gurrea de Gállego (Huesca) invita a nuestra psicóloga Laura Gracia para impartir una charla dentro de la programación de actividades culturales de la localidad.

En la charla “Habilidades para la vida: estrategias para mejorar nuestro día a día” se abordará cómo la comunicación y otras habilidades sociales pueden mejorar nuestras relaciones con los demás y, en consecuencia, nuestro bienestar diario. A través de la interacción con los asistentes, se fomentará la reflexión y el conocimiento de diferentes estrategias para mejorar las habilidades sociales.

La charla tendrá lugar el viernes 25 de Abril de 2014 a las 17.00 h en el Salón de Actos del Ayuntamiento de Gurrea de Gállego (Huesca). La entrada es gratuita hasta completar aforo.

¡Os esperamos!

Aprender de los errores
aprender de los errores

Hoy quiero hablaros sobre un tema que estuve debatiendo con un paciente la semana pasada: los errores que cometemos. Evidentemente, a nadie le gusta equivocarse. Hay algunas situaciones en las que cometer un error no tiene consecuencias o son mínimas, pero hay otras en las que pueden ser más graves. Por ejemplo, no es lo mismo tomar una calle errónea para llegar a un lugar y que resulte que demos más vuelta y nos retrasemos en llegar a ese sitio, que decidir hacer una inversión económica importante en un piso, una empresa, etc. y que “salga rana”. Lo que está en juego es muy diferente.

A pesar de esto, los errores que cometemos a lo largo de nuestra vida son parte de nuestro saber en el presente. Al cometer un error realizamos un aprendizaje sobre cómo no hay que hacer las cosas, o en qué circunstancias no hay que hacerlas, o de quién no fiarnos… Nadie nace con todos los conocimientos del mundo, por ello existen altas probabilidades de equivocarnos de vez en cuando. Con esto no quiero decir que nos tenga que servir de excusa para tomar decisiones “a la brava”, sin pensar en los pros y contras. Por su puesto, cuando se ha de tomar una decisión acerca de algo, sobre todo si hay mucho en juego (ya sea a nivel económico como a nivel personal), hay que tomarse un tiempo para poder valorar las opciones, consultar a expertos que nos puedan asesorar, valorar los riesgos, ver a quién afecta y de qué modo, saber cuáles son nuestros miedos, etc. y poder aprender de los errores.

Una vez tomada la decisión, si resulta que sale mal, tenemos una oportunidad de aprender que no podemos dejar escapar. Eso sí, nos va a tocar tomarnos un tiempo de reflexión para extraer la información más valiosa. Los errores son parte de la superación personal, de enfrentarse a los propios miedos, de crecer más y más.

Si borraras todos los errores de tu pasado, estarías borrando toda la sabiduría de tu presente

Cómo analizar y aprender de los errores

Muchas veces se cree que cuando nos equivocamos es mejor no pensar en el error y centrarse en el presente y futuro. ¡Nada de atormentarnos! En parte sí, “fustigarse” a uno mismo no lleva a ningún sitio. Pero para conseguir mejorar, tenemos que dedicar un poco de tiempo en detectar en qué hemos fallado para poder mejorarlo en próximas ocasiones:

1. Piensa en cómo llegaste a tomar la decisión: analiza cuál fue el proceso, qué alternativas tenías y cuáles eran sus ventajas y desventajas y  qué fue lo que te llevó a decantarte por una y no por cualquiera de las otras.

2. Reflexiona sobre las circunstancias que rodearon la decisión: ¿era el mejor momento?, ¿era el mejor lugar?, ¿te comunicaste de manera adecuada?, ¿actuaste “con el corazón” o “con la cabeza”?

3. Piensa en alternativas de acción para la misma decisión y decide cuál de estas sería la más adecuada tuvieras la oportunidad de volver a actuar.

4. A veces no es la decisión en sí lo que falló, si no las formas (cómo lo dijiste o lo hiciste). Reflexiona también sobre ello y  piensa en alternativas.

Después de este proceso, tendrás mucha información que te puede ser valiosa para próximas ocasiones. Pero esto no es todo, hay algunas cosas más que tienes que tener en cuenta para aprender de los errores:

– Nadie es perfecto. Date permiso para equivocarte y aprender de ello.

– No te culpabilices. En vez de pensar en términos de culpa piensa en responsabilidad, que tiene una connotación más positiva e invita a la acción.

– Si tu error afecta a otras personas, se humilde y pide disculpas. Tienes que «ponerte en la piel del otro» para ver de qué forma le ha podido afectar.

– No justifiques los errores ni eches “balones fuera”. Culpar a otros de tus fallos puede ser la manera más fácil de sentirte bien, pero no aprendes nada.

– «Lo hecho, hecho está». Esfuérzate en que no se vuelva a repetir. Cuando el mismo error se repite, toca reflexionar más a fondo. Seguramente tendrá que ver con tu forma de pensar y cambiar eso requiere más esfuerzo.

– No te rindas en tus planes y proyectos. Si algo sale mal siempre hay alguna manera de arreglarlo y de mejorar.

Y recuerda, las experiencias de la vida son las que más conocimientos nos aportan. ¡No las desaproveches!

Laura Gracia Crespo

Psicóloga en Espacio Mente y Salud – Zaragoza

Los beneficios de la escritura
beneficios de la escritura

Seguro que en algún momento de vuestras vidas habéis practicado una técnica muy poderosa de curación psicológica sin saber realmente que lo era… La escritura es un recurso que todos poseemos y que tiene una alta capacidad terapéutica ya que permite aunar la parte racional, verbal, cognitiva… con la parte emocional, la expresión de las emociones.Hoy te presento los beneficios de la escritura.

Al escribir estamos estructurando los pensamientos, estamos “vaciando” parte de las emociones que nos desbordan dejándolas en el papel y estamos tomando distancia de aquello que nos abruma y no podemos ver con claridad. La parte emocional y la parte racional muchas veces entran en conflicto: “siento que no debería hacerlo pero considero que debo hacerlo, me siento culpable por hacer esto pero mi corazón me dice que me lance…” Cuando cogemos la punta del ovillo (la punta del bolígrafo) y empezamos a tirar de él para deshacerlo, se va dando forma a nuestros pensamientos y emociones, cargando de sensibilidad los pensamientos y poniendo racionalidad a las emociones, equilibrando la balanza para calmar nuestro interior.

Formas de usar y beneficios de la escritura:

1- Para expresar aquello que no se ha podido expresar: En ocasiones nos ahogan las palabras que nunca dijimos a esa persona que decidió marcharse de nuestro lado, pedir perdón por algo que hicimos, o que no hicimos, o expresar nuestra rabia a quien nos hizo daño, esa rabia que a ratos nos presiona el pecho y nos impide incluso hablar. Tirar del ovillo y empezar a sacar palabras emotivas (rabiosas, románticas o cariñosas, tristes…) ayuda a que vayamos vaciando ese alma que rebosa emoción. No tiene que quedar bonito, ni siquiera tiene que tener sentido para los demás porque para ti ya lo tiene en tu cabeza y lo seguirá teniendo en el papel. No queremos conseguir un Best Seller, simplemente queremos expresar.

2- Para comunicarnos y despedirnos de aquellas personas que fallecieron. A veces al dolor de una pérdida se une la culpa por cosas que no dijimos, o la tristeza porque el día a día se hace cuesta arriba sin esa persona que ya no está físicamente a nuestro lado. El escribirle una carta expresándole lo que no dijimos, decirle lo muchísimo que la echamos de menos, e incluso escribirle una carta de despedida nos ayuda a aceptar y a soltar para seguir hacia delante.

3- Cuento Terapéutico: Escribir un cuento sobre una situación pasada traumática ayuda a darle solución, es una forma de reparar y cambiar el trauma vivido. Una de las indicaciones puede ser que escriba el cuento basado en lo que ocurrió y que tenga el final que a ti te hubiera gustado, o un final feliz, distinto al que ha habido. De esta forma al cerebro emocional se le “engaña” un poco, dándole otra alternativa a la que ocurrió de verdad y descargándolo de tristeza o rabia.

4- Para tomar decisiones: seguro que habéis leído que realmente las decisiones se toman en los primeros instantes en los que se plantean las dudas, pero empezamos a pensar, a sopesar, a razonar… y se nubla la decisión instintiva que ha salido en un principio. Al escribir pones toda tu atención en esa decisión, en lo que has pensado y en lo que has sentido y, de nuevo, a través de la punta del hilo deshaces la madeja que te lleva a contemplar la decisión que realmente quieres tomar, y que ya tomaste en un principio pero la madeja enmarañada te ocultó.

Aunque haya muchas más formas de usar la escritura, al final, sin ningún uso, finalidad ni instrucción, la escritura por sí sola es beneficiosa, así que probad en momentos en que os sintáis confusos, tristes, enfadados… a deshacer la madeja y contadnos los resultados!

Miles de abrazos!

Laura Blasco Barrena
Psicóloga en Espacio Mente y Salud – Zaragoza

Críticas: ¿cómo te enfrentas a ellas?
críticas psicólogo Zaragoza

Hoy comparto con vosotros un bonito cuento para reflexionar, extraído del libro “Aplícate el cuento” de Soler y Conangla:

«Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que ahora se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierta tarde, un guerrero, conocido por su total falta de escrúpulos, apareció por allí. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que su adversario hiciera el primer movimiento y, dotado de una inteligencia privilegiada para captar los errores cometidos, contraatacaba con velocidad fulminante.

El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una lucha. Conociendo la reputación del samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar así su fama.

Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.

Fueron todos hasta la plaza de la ciudad, y el joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras en su dirección, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados.. Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

– ¿Cómo ha podido usted soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?

– Si alguien se acerca a ti con un regalo, y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece el regalo? preguntó el samurai.

– A quien intentó entregarlo – respondió uno de los discípulos.

– Lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos – dijo el maestro. – Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los llevaba consigo.»

Todos hemos sido alguna vez objeto de las críticas por parte de otras personas. Nuestra reacción inicial, y más habitual, ante las críticas suele ser “sacar el escudo” y ponernos a la defensiva. E incluso podemos tomar la revancha, lanzándonos a la carga contra esa persona que nos ha criticado y defender con uñas y dientes nuestra integridad, porque no estamos dispuestos a que otro dañe nuestra imagen personal.

Solemos creer que las críticas siempre son malas, que la persona que las realiza es malvada y que quiere hacernos daño. En ocasiones es así, no lo voy a negar. Puede haber detrás envidia, rabia, o cualquier sentimiento negativo. Pero el daño que nos hagan estas críticas está en nuestra mano. No podemos controlar lo que los demás hagan o digan, pero sí podemos elegir y controlar cómo nos va a afectar.

Evidentemente “las formas” que elija el otro para hacer esas críticas pueden facilitarnos mucho las cosas. Si elige una manera brusca y poco respetuosa, nos va a costar el triple de esfuerzo encontrar la parte constructiva del mensaje y probablemente nos dejaremos llevar más por los sentimientos negativos que esto nos genere. En cambio, si la persona se dirige a nosotros de una manera respetuosa, con asertividad, todo será más fácil.

Como dice una amiga mía “Don Perfecto se murió hace tiempo” y todos tenemos defectillos que podemos ir puliendo poco a poco, lo que no quiere decir que tengamos que salir a pecho descubierto a que nos lancen cuchillos. Podemos escuchar las críticas, indagar sobre qué puede haber de cierto en ellas, desechando aquello que tenga un componente hiriente. Si hay algo constructivo en el mensaje, podemos empezar una etapa de trabajo personal para mejorar. Si no vemos nada “aprovechable” en las críticas, o creemos que están hechas desde la envidia, el despecho o la rabia (como también es el caso de los insultos), podemos tomar la actitud del samurái porque, como bien dice, las críticas que no se aceptan se las queda el que las hace. Y esto no significa que tomemos una actitud pasiva. Siempre habrá puntos de vista sobre cualquier aspecto y no siempre tenemos que estar de acuerdo, por lo que podemos responder a ellas desde el respeto. Próximamente os hablaré sobre estrategias para realizar críticas y responder a ellas de una forma adecuada y no hiriente, para ir mejorando poco a poco nuestra comunicación y nuestro bienestar.

Laura Gracia Crespo
Psicóloga en Espacio Mente y Salud – Zaragoza

Referencias bibliográficas:
Soler, J. y Conangla, M. M. «Aplícate el cuento. Relatos para una vida inteligente y equilibrada». Editorial Amat (2007)

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